Brecha de género: caída de Uruguay según el Foro Económico Mundial

Rosendo Fraga (h)
Director de nuevamayoria.uy

Así se desprende del último informe del Foro Económico Mundial (WEF por sus siglas en inglés) sobre brecha de género, el Global Gender Gap Report 2021. En esta edición, elaborada sobre datos de 2020, Uruguay ocupa el puesto 85° con un puntaje de 0.702. 

Comparativamente, esta nueva calificación representa una caída de 48 posiciones desde la última medición de 2019, donde ocupaba la posición 37° con un puntaje de 0.737. De hecho Uruguay es el país que mayor cantidad de posiciones ha cedido en esta edición del GGGR. Le sigue Colombia, que ha perdido 37 posiciones (de la 22 a la 59) y Polonia, que pasó de la posición 40° en 2019 a la 75° en 2020.

Antes de explicar el porqué de este traspié, veamos cómo se confecciona este índice.

Este informe que el WEF elabora desde 2006 monitorea el progreso de 156 países hacia el cierre de la brecha entre géneros a lo largo del tiempo, asignándole un puntaje de 0.0 a la brecha total y 1.0 a la paridad total. Este puntaje es el promedio de cuatro dimensiones clave: participación y oportunidades económicas; nivel educativo; salud y supervivencia; y empoderamiento político. En las tres primeras dimensiones Uruguay mantiene valores relativamente constantes durante la última década, pero es en empoderamiento político, como veremos, donde el país presenta altibajos a lo largo de los años.

Volvamos al mundo: ¿cuán cerca o lejos se está de suprimir la brecha de género? La conclusión principal del GGGR 2021 es que la emergencia sanitaria que produjo el Covid-19 y la consecuente recesión económica han afectado a las mujeres mucho más que a los hombres, lo cual contribuyó a reabrir parcialmente brechas que se creían cerradas. 

La brecha más importante a nivel global sigue estando en el empoderamiento político de la mujer: hasta la fecha sólo se ha cerrado en un 22% (2,4% menos que el año pasado). Los datos que presenta el GGGR 2021 hablan por sí solos. De los 156 países analizados las mujeres representan sólo el 26,1% de aproximadamente 35.500 escaños parlamentarios y sólo el 22,6% de los más de 3.400 ministros en todo el mundo. Hasta el 15 de enero de este año, en 81 de estos 156 países nunca ha habido una mujer jefa de estado. A este ritmo, el WEF calcula que se van a necesitar 145,5 años más para cerrar la brecha de género en política.

Es en este último ítem donde se sustenta la caída uruguaya. Mientras que en 2019 el 42,9% de los cargos ministeriales más altos estaba ocupado por mujeres, ese porcentaje bajó a 14,3% en 2020. Si analizamos separadamente el desempeño uruguayo en este subindicador, la caída es más pronunciada que en el ranking general: Uruguay pasó en un año de la 12° posición a la 106° en cuanto a mujeres que encabezan ministerios. Esta es la clave, si tenemos en cuenta que no hay variaciones en los otros dos subindicadores que conforman el empoderamiento político: porcentaje de mujeres en el parlamento (que de hecho mejoró de 22,2% a 24,2%) y cantidad de años gobernados por una jefa de estado de los últimos 50, que al igual que en otros 80 países del mundo, para Uruguay continúa siendo cero.

Pero este problema está lejos de ser exclusivamente uruguayo. Los otros dos países que mencionamos al principio, Colombia y Polonia, también sufrieron caídas abruptas por esa misma razón. 

Colombia en 2019 había logrado suprimir la brecha de género en este indicador: el 52,9% de sus ministros eran mujeres. Pero eso cambió al año siguiente, dónde sólo hubo 36,8% ministras. La caída polaca es todavía más profunda: pasó de 27,3% ministras en 2019 a sólo 4,8% en 2020. Si analizamos los países vecinos, Argentina pasó de 25% en 2019 a 18,2% en 2020 y Chile de 34,8% a 30,4%. Paraguay, en cambio, aumentó año contra año su cantidad de ministras, de 21,4% a 30,6%, mientras que Brasil mejoró, aunque muy poco: pasó de tener 9,1% ministras en 2019 a 10,5% en 2020.

Para concluir, el talón de Aquiles uruguayo es al mismo tiempo su oportunidad. Porque en última instancia, la potestad para nombrar nuevos ministros es del Poder Ejecutivo. Es decir, no hace falta ningún cambio cultural profundo para hacerlo realidad: mejorar en este subindicador sólo requiere voluntad política.

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