Adama Barrow, el Señor de las Canicas

Para abrir esta sección de Elecciones que no le importan a nadie, vamos a hablar de la legislativa que tendrá lugar el sábado 9 de abril en Gambia, un día antes de la presidencial francesa, que concentrará toda la atención electoral de este fin de semana. 

Pero las apariencias engañan. La elección en Gambia es mucho más interesante que la francesa por un único motivo: las canicas. ¿Las qué? Así es. Mientras en Argentina seguimos enfrascados en la conveniencia o no del voto electrónico y la boleta única en papel, para votar en Gambia, un país muy pequeño y pobre de África Occidental que está prácticamente rodeado por Senegal, se utilizan cuentas de vidrio, o lo que comúnmente llamamos canicas.

Gambia, el país con la forma más extraña de África, se independizó del Reino Unido en 1970.

La razón de este curioso sistema electoral es el analfabetismo, problema que sufre la mitad de la población de Gambia. Por ese motivo, a cada ciudadano se le entrega una canica que deposita en un tambor. Hay tantos tambores como candidatos a elegir y cada uno lleva la foto -no el nombre- y el color de uno de los candidatos. Una vez que termina la votación, estos tambores se vacían sobre bandejas con entre 200 y 500 huecos que facilitan el recuento de canicas. Y eso es todo. 

Día de votación en Gambia. A la derecha, los legendarios tambores de colores con la foto de cada candidato. Pegado en la pared puede observarse un instructivo que muestra cómo colocar la canica de la forma correcta.

A pesar de su simplicidad, o quizás debido a ello, este sistema de voto por canica lleva en Gambia más de 60 años de vigencia y todo el mundo admite que es bastante fiable. Como argentino, lo primero que hice fue tratar de averiguar qué sucedería en el caso de que un votante cayera a la elección con el bolsillo lleno de canicas y las metiera todas en el tambor de un mismo candidato, pero no encontré ningún cuestionamiento en ese sentido (supongo que es más probable que eso ocurra primero en Argentina que en Gambia). Otro aspecto a tener en cuenta es que el sistema de canicas es mucho más barato que cualquier otro sistema nuevo que se quiera implementar y esto, en un país con pocos recursos como Gambia, es igual de importante que la eficiencia. 

Pongamos la elección legislativa del próximo sábado 9 de abril en su contexto. La historia reciente de Gambia se remonta a Yahya Jammeh, el último dictador del país. Este coronel gambiano es la personificación del tirano africano que solemos ver en las películas: militar de profesión, Jammeh se atornilló al poder durante 22 años, gracias a un golpe de estado orquestado por él mismo en 1994. Este dictador se hizo conocido en Occidente por haber asegurado el descubrimiento de una hierba capaz de curar el SIDA (al final resultó que era mentira), pero esa es solo la parte más amistosa de su currículum. Al parecer, Jammeh es recordado puertas adentro por encarcelar y matar a cientos de gambianos. De hecho, su perfil de Wikipedia en español consigna que su profesión es “político, oficial militar y violador en serie”, lo cual da a entender que también está perdiendo la batalla en las redes.

La clave de la perdurabilidad de Jammeh en el poder fue estar siempre bien acompañado, como puede observarse en esta foto.

Por todas estas razones, cuando en 2017 Jammeh se presentó para su quinto mandato consecutivo, se debe haber quedado bastante sorprendido cuando el recuento de canicas dio ganador a Adama Barrow, un empresario inmobiliario y político del Partido Democrático Unificado, que haciendo gala de una extraordinaria valentía se presentó a competir contra el coronel. Los resultados preliminares le dieron la victoria a Barrow por 45% de los votos contra el 37% de Jammeh. 

La conmoción fue tan grande que Jammeh decidió quedarse en la Presidencia para ganar tiempo. Esto hizo que la jura de Barrow como nuevo y legítimo Presidente de Gambia tuviera lugar en la embajada de su país en Senegal (en estos juegos de la transición, la Argentina está recién en el nivel de no entregar el bastón, es decir, bastante atrasada). Señal de lo sacrificado que es ser Presidente en un país como Gambia lo muestra el hecho de que uno de los hijos de Barrow murió debido a la mordedura de un perro (antes de que lo pidan, este es el link) y no pudo cruzar a Gambia para ir al funeral por miedo a que también terminara siendo el suyo. Finalmente, gracias a la intervención de las tropas de la Comunidad Económica de Estados de África Occidental, Jammeh entregó el poder y se exilió en Guinea Ecuatorial. Que todo esto haya podido suceder bajo las narices de un dictador con 22 años en el poder es un punto a favor del sistema de canicas. 

Adama Barrow, dispuesto a renunciar a todo lo que tenga que ver con Jammeh, menos al color blanco.

El 4 de diciembre del año pasado Barrow fue nuevamente a elecciones y obtuvo el 53% de las canicas. Estados Unidos y la Unión Europea ratificaron la transparencia del proceso electoral, pero en lo que debe ser ya un deporte nacional en Gambia, la oposición presentó un recurso contra los resultados. Finalmente, el Tribunal Supremo de Gambia terminó dándole la razón a Barrow. Teniendo en cuenta que se trata de uno de los países más chicos y pobres de África continental, la posibilidad de que los gambianos continúen sosteniendo la institucionalidad de su país, con o sin canicas, es un hecho admirable. El desafío de este nuevo mandato de Barrow parece ser, en sintonía con las locuras que prevalecían en la era de Jammeh, lograr que los gambianos se vacunen contra el Covid-19, una enfermedad que la mayoría considera propia de hombres blancos.

¿Qué pasará el día después de esta inminente elección? Nadie fuera de Gambia parece tenerlo en claro, ya que no hay encuestas de opinión que ayuden a proyectar una tendencia. La Constitución manda que se elija nuevamente toda la Asamblea Nacional tres meses después de haber tenido lugar la presidencial (suponemos que para dar un tiempo prudencial a que el presidente que se va y el que llega acomoden sus diferencias). En el caso que nos ocupa, la legislativa de mañana es fruto de la votación que le dio a Barrow su reelección en diciembre de 2021. En total están en juego 53 escaños, para los que habrá que conseguir 221 tambores, que es la cantidad de candidatos que se presentan en todo el país. Más que una tendencia sobre lo que ocurrirá el sábado, lo que sí parece posible confirmar es la existencia de un nuevo rumbo: por primera vez en la historia de Gambia, el 19% de los candidatos de la legislativa son mujeres, una señal, al menos, de que el camino emprendido por Barrow es el correcto.

Por Rosendo Fraga (h)
Director de nuevamayoria.uy

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