Good Country Index: cae la influencia global de Uruguay en 2020

La pesadilla de cualquier analista de índices internacionales está en los rankings que se salen de lo común, como el que vamos a ver ahora. Es que medir la pobreza, el respeto a los derechos humanos o el desarrollo digital, por citar tres ejemplos al azar, es una cosa, pero otra mucho más complicada es medir y explicar cómo un país gana o pierde influencia en relación a la humanidad, que es la tarea a la que nos abocaremos en este artículo que -el que avisa no traiciona- será más largo que de costumbre.

A mediados de abril se difundió el nuevo Good Country Index (GCI). Este índice en su última versión (la 1.5), trata de medir cuánto contribuye cada país del mundo al planeta y a la raza humana en relación con su tamaño (es decir, de acuerdo a su PBI). Para ello evalúa el impacto internacional que tienen 169 países en categorías como paz y seguridad; cultura; ciencia y tecnología; medio ambiente; y otros cuatro pilares. Este índice fue creado por Simon Anholt y desarrollado por varias organizaciones como la Universidad East Anglia, la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios, la Fundación Bill & Melinda Gates, y Accenture, entre otras. Como explicaremos más adelante, los datos de esta nueva edición corresponden mayormente al año 2020.

En esta quinta edición, Uruguay obtuvo el puesto 45° a nivel global, entre Sudáfrica (44°) y Estados Unidos (46°). A nivel latinoamericano, ello implicó ceder la primera posición que había obtenido en 2019 (25° a nivel global) a Chile, que con el puesto 33° volvió al primer lugar de América Latina como el país que más contribuyó al bienestar general de acuerdo a su PBI, algo que no conseguía desde 2017. Para el caso de Uruguay, ello implicó una caída de 20 posiciones entre 2019 y 2020, algo que sólo logró igualar Costa Rica. Por otra parte, la caída más importante en la región la sufrió Guatemala, que pasó de la posición 68° a la 116°.

Antes de revisar las calificaciones específicas de Uruguay en cada uno de los indicadores del Good Country Index 1.5, debemos hacer algunas aclaraciones sobre los datos utilizados en este índice. 

Las clasificaciones del GCI se basan en 35 grandes grupos de datos producidos por agencias de Naciones Unidas y otras organizaciones internacionales. La mayoría de estos conjuntos de datos tardan varios años en compilarse, analizarse y publicarse, lo que no resulta sorprendente si tenemos en cuenta que son datos complejos de casi doscientos países. Como buena parte de los índices de este tipo, el GCI no intenta ser una instantánea en tiempo real, ya que siempre hay un retraso de entre 2 y 3 años entre la recopilación de datos y la publicación de los resultados. Esta es también la razón por la que el Good Country Index publicado en estos días se llama GCI 1.5, en vez de GCI 2022. De esta manera, la última edición del Good Country Index utiliza principalmente datos de 2020 para proporcionar una base. Es el retrato más completo y lo más cercano posible a la actualidad del estado del mundo que permiten los datos disponibles.

Por otro lado, el Good Country Index trata de medir el impacto global de las políticas y los comportamientos de cada país. En ese contexto, «bueno» significa lo opuesto a «egoísta», no lo opuesto a «malo». El Good Country Index no intenta hacer ningún juicio moral: sólo mide, de la manera más objetiva posible, lo que cada país contribuye al bien común y lo que se lleva en relación con su tamaño. Por ello excluye variables puramente domésticas como la pobreza, la desigualdad, la calidad de vida, la corrupción o los derechos humanos. El Good Country Index mide cuánto contribuye cada país al mundo fuera de sus propias fronteras.

Ahora analizaremos el desempeño de Uruguay en las siete variables de las que está compuesto el GCI, para ver en cuál aporta más al bien común global y en cuál menos. Estas variables son ciencia y tecnología; cultura; paz internacional y seguridad; orden mundial; planeta y clima; prosperidad e igualdad; y salud y bienestar.

PAZ INTERNACIONAL Y SEGURIDAD: 9°. Aunque bajó en todos los pilares, en este, que tiene en cuenta la exportación de armas, el involucramiento en conflictos violentos internacionales, la seguridad cibernética y la contribución en misiones de paz, entre otros aspectos, Uruguay se mantuvo entre los primeros 10 países del mundo por su contribución a la paz internacional y la seguridad en relación a su PBI. La posición de 2020 representa tres puestos menos que la alcanzada entre 2017 y 2019 (6°) y seis menos que la de 2016 (3°), su mejor año. En el contexto latinoamericano, Chile ocupó el segundo lugar (19°) y Costa Rica el tercero (88°), aunque este último a una distancia considerable. Para el GCI, Uruguay contribuye mucho más que el promedio a la paz y seguridad internacional a través del envío de tropas de paz, que es su punto fuerte.

PLANETA Y CLIMA: 25°. Este segundo conjunto de datos mide la huella ecológica, el cumplimiento de acuerdos ambientales, las exportaciones de plaguicidas peligrosos, la cuota de energías renovables y el consumo de sustancias que disminuyen la capa de ozono en cada país. Aunque Uruguay ocupó la posición 25° a nivel global y la 2° en el contexto latinoamericano (Panamá fue el mejor país de la región por su contribución al planeta y el clima para 2020, con la posición 19°), ello representó 7 posiciones menos que en 2019, cuando ocupó la 18°. Esto se debe principalmente a la falta de información para 2020 respecto a la huella ecológica de Uruguay (este concepto se refiere a los patrones de consumo de recursos y la producción de desechos de una población determinada). Estos datos, que se recopilan en el Global Footprint Network, sí estaban disponibles en 2019, año en el que Uruguay aportó mucho más que el promedio por su huella ecológica, de acuerdo al tamaño de su PBI (factor que ayuda a explicar la caída de 2020).

ORDEN MUNDIAL: 26°. En este pilar, que mide el porcentaje de población que dona a la caridad; el número de refugiados alojados (según ACNUR) en relación con el PBI; la cantidad de refugiados de su nacionalidad en el extranjero de acuerdo al mismo criterio; la tasa de natalidad de la población según el Banco Mundial (como indicador negativo) y la cantidad de tratados de Naciones Unidas firmados. Respecto a su contribución al orden mundial, Uruguay ocupó la posición 26°, dos puestos menos que en 2019 (24°). Esta situación de casi empate se debe a que, respecto a 2019, empeoraron las donaciones a caridad (dato del World Giving Index), pero mejoró en cantidad de refugiados alojados en el país. Con esta leve desmejora de 2020, el país cortó una racha ininterrumpida de mejora desde 2017, cuando ocupó la posición 44°. En cuanto al contexto regional, Uruguay ocupó en 2020 el tercer lugar después de Chile (2°) y Paraguay (24°).

PROSPERIDAD E IGUALDAD: 54°. En relación a 2019, en este conjunto de variables Uruguay bajó 15 posiciones, de la 39° a la 54°. El GCI mide la contribución de cada país a la prosperidad e igualdad de acuerdo a su comercio abierto (puntaje de comercio transfronterizo); la posición en el índice AML Basel que mide el riesgo de blanqueo de capitales y financiación del terrorismo; el número de trabajadores humanitarios y voluntarios enviados al extranjero; la salida de inversión extranjera directa y las contribuciones a la cooperación y el desarrollo (en estos tres últimos casos, se calculan en relación al PBI de cada país). La caída registrada en 2020 se debe principalmente a una desmejora en el primer indicador, el de comercio abierto. Según datos del Banco Mundial a los que recurre el GCI, la contribución de Uruguay a la prosperidad e igualdad global a través del comercio abierto estuvo por debajo del promedio (en 2019 se ubicó en la media). En cuanto a América Latina, en 2020 Uruguay se ubicó en la quinta posición después de Chile (21°), República Dominicana (37°), Ecuador (40°) y Colombia (42°). 

CULTURA: 66°. Los datos con los que se mide la influencia cultural de un país en términos globales son la cantidad de eventos internacionales organizados; las exportaciones de bienes y servicios culturales (según UNESCO) en relación al PBI; la cantidad de cuotas atrasadas de la UNESCO; la libertad de movimiento (por ejemplo, restricciones de visa) y la libertad de prensa. La influencia global de la cultura uruguaya sufrió en 2020 una fuerte caída, pasando del puesto 35° en 2019 al 66° en 2020. Esto se debió exclusivamente a una performance por debajo del promedio tanto en cantidad de eventos internacionales alojados en el país, como en la exportación de bienes y servicios culturales (en los otros tres indicadores se mantuvo el mismo desempeño que en 2019). En este pilar es imposible ignorar los efectos que la pandemia tuvo sobre la cultura. Sólo Costa Rica (63°) logró un mejor desempeño que Uruguay en el contexto latinoamericano, y en su caso también se observa una marcada caída en la organización de eventos y la exportación de bienes culturales (y lo mismos sucedió en Chile, Brasil, Argentina, Colombia, México, Perú y otros países de la región).

SALUD Y BIENESTAR: 85°. Este anteúltimo pilar mide la contribución de cada país a la salud y el bienestar global. Para ello analiza en cada país la financiación de la ayuda alimentaria; las exportaciones farmacéuticas; el exceso de contribuciones voluntarias a la Organización Mundial de la Salud; las contribuciones de ayuda humanitaria; y el cumplimiento del Reglamento Sanitario Internacional (en los cuatro primeros casos se mide en relación al PBI de cada país). En este pilar Uruguay sufrió su caída más pronunciada y su influencia en el ámbito internacional bajó 36 puestos, del 49° en 2019 al 85° en 2020. Todas las variables se mantuvieron en el mismo promedio año contra año, excepto por el exceso de contribuciones voluntarias a la Organización Mundial de la Salud, que en 2020 pasó a estar por debajo del promedio (en 2019 su contribución fue positiva). En el contexto latinoamericano, la influencia global de Uruguay en salud y bienestar ocupó el octavo lugar, después de El Salvador (20°), Panamá (24°), Nicaragua (59°), México (63°), República Dominicana (69°), Brasil (70°), Chile (79°) y Costa Rica (82°).

CIENCIA Y TECNOLOGÍA: 131°. Se trata del pilar donde la contribución uruguaya a nivel global ha sido siempre la más baja desde 2017. Se mide por el número de estudiantes extranjeros que estudian en el país (no hay datos de la UNESCO para Uruguay en este campo); las exportaciones de publicaciones científicas; la cantidad de Premios Nobel acumulados, ya sea según el país de nacimiento o de afiliación institucional en el momento de la concesión; y el número de solicitudes de tratados de cooperación internacional en materia de patentes (en todos los casos, los valores se ponderan en función del tamaño del PBI de cada país). En este caso, la contribución científica y tecnológica de Uruguay en el ámbito internacional de acuerdo a su PBI cayó 20 puestos, pasando del 111° en 2019 al 131° en 2020. En ambos casos, la exportación de trabajos científicos, las publicaciones internacionales y la cantidad de Premios Nobeles acumulados se mantuvieron por debajo de la media global, aunque en 2020 se vio también una disminución en el número de solicitudes de patentes, que pasó de corresponderse con la media global en 2019, a estar por debajo de ese promedio en 2020 (lo que ayuda a explicar la caída). Respecto a América Latina, Uruguay se desempeñó mejor que sólo cinco países de la región en este pilar: Ecuador (136°), El Salvador (147°), Honduras (152°), Bolivia (167°) y Paraguay (168°), mientras que Argentina, en el puesto 58° para 2020, fue el país de la región que más contribuyó a la ciencia y la tecnología global, mejorando 18 puestos respecto a 2019.

Simon Anholt, creador del Good Country Index que nosotros acabamos de desmenuzar, presentó la versión 1.5 de su índice en la revista Diplomatic Courier. Ahí intentó responder la pregunta del millón: si los datos son de 2020, ¿cuánto influyó en ellos la pandemia? Para Anholt, los primeros efectos de la pandemia tienen un reflejo muy claro en los resultados. Es que la contribución promedio de todos los países hacia fuera de sus fronteras empezó a disminuir a medida que empezaban a cerrarse y a enfocarse en los problemas internos, si bien esto tampoco ha hecho que sus contribuciones negativas hayan aumentado de manera proporcional. Lamentablemente, incluso tratándose de datos de 2020, todavía necesitaremos uno o dos años más para saber si la influencia global de Uruguay hoy, en 2022, ha logrado recuperar lo perdido durante la pandemia.

Por Rosendo Fraga (h)
Director de nuevamayoria.uy